domingo, 25 de marzo de 2012

Peluche.

Te arrimo tanto a mí,
me mentalizo tanto de que eres tú,
que casi soy capaz de oír tus lágrimas.

lunes, 5 de marzo de 2012

Querido Abuelo:

Increible la forma y la alegria con la que rutinariamente se levanta con ánimos y ganas de seguir luchando. Todos los días con su macutito de color naranja; sus gafas de sol y de visión, esas que están de moda en toda Inglaterra, y su móvil de primera generación; José se dirige hacia donde antiguamente trabajaba. Es evidente que con 80 años que tiene no trabaje, y no porque no se encuentre preparado para ello, pero desde que su único hijo le dijo adiós frente a la vía del tren, todas las tardes da un paseo por la zona y le lleva un ramo de margaritas de su propia huerta. A pesar de que su mujer le repite miles de veces que deje de hacerlo, ya que los principios del Alzheimer están empezando a florecer y teme que le ocurra lo peor... Aún así, una y otra vez vuelve a coger el tren con destino Algeciras sintonizando la radio en el canal que emite su música clásica preferida e intentando descansar, aunque eso sí con un ojo abierto para evitar que ningún pasajero le robe o descubra el misterioso contenido de la bolsa con el estampado de las naranjas [...] Y empieza a quedarse dormido, a relajar todos los músculos de su cuerpo hasta que el mismo intento de permanecer alerta ante cualquier peligro llega a convertirse en parte de sus sueños. Entonces... última parada Algeciras final del trayecto, repite la mujer-máquina del tranvía. 
Mientras Laura espera a su amado esposo balanceándose en su butaca y mirando ansiosa la hora que marca el reloj, los viajeros del último tren regresan a sus casas junto con sus seres queridos. Todos menos él.
"Alguien muere para siempre cuando la última persona que haya compartido momentos inolvidables junto a él, le empiece a olvidar".   
    
                                                                                           Atte: José, desde el más allá de los cielos.

viernes, 3 de febrero de 2012

Porque todo lo bueno se acaba.

Hagamos un brindis por todas aquellas personas, o comodines de la vida, que sufren constantemente en silencio (y no tienen almorranas precisamente...xD) pero que siguen ciegamente, tal lazarillo a su amo, a aquellas cosas o personas que las hacen felices por un breve pero intenso momento...¿o tal vez durante largos años? Lo importante es que los comodines de esta baraja de cartas llamada "la vida" piensan que estas personas siempre estarán ahí, para todo, y que nunca se irán, que siempre podrán contar con ellas. Pero nada más cruzar la esquina de la Calle del Olvido, se lavan las manos como quien no quiere la cosa. Y una vez más, se quedan solas en este inmenso mundo. Sin nadie que les muestre su apoyo, solas ante el peligro y ni tan siquiera con un hombro en el que apoyarse para llorar cuando lo necesiten.

No, no me preguntéis que es lo que sucede ahora, ni cómo se sienten... simplemente creen que no son personas, que todo lo hacen mal y que algo tendrán que tener para que tanta gente les rechazen. Se autodefinen antisociales, pero verdaderamente no es así. Solo que la vida no les ha dado la oportunidad de demostrarse tal y como son... y por el camino que llevan, nunca les darán esta oportunidad.
No es que la vida les alla jugado una mala pasada, es que su mala pasada y su mayor pesadilla es y será la vida

viernes, 20 de enero de 2012

Cenizas.

-¿Estás preparada?
-Sí
-Piensa que será la última vez que lo tendrás en tus manos. Una vez que empieces...
-Ya, lo sé. Una vez que empieze no habrá fin, ¿verdad? Eso es a lo que te quieres referir ¿no?
-Oye... perdóname, no me lo tengas en cuenta ¿va? Tampoco quería decir eso [...]
-Mira hace años que nos conocemos, y como tantas otras cosas, ésto no me lo puedo callar. Te voy a confesar lo que haré con sus restos
-Sabes que no es necesario, yo solo quería...
-Es cierto, no estoy preparada para esparcir sus cenizas. Lo que voy a hacer es viajar, darle la vuelta al mundo y sentir la brisa del aire. Vamos a recuperar el tiempo perdido. Visitaré aquellos lugares en los que no tuve ocasión de ir en su compañía y allí sea en medio de la carretera, en un parque, en el océano, en el tio vivo de la Feria del pueblo...no importa el espacio ni el tiempo. Pero simplemente cuando sienta que mi cuerpo roza su alma, sabré que ha llegado el momento. Quiero que mi ..... quiero que esté presente por doquier parte a la que yo tarde o temprano visite. ¿Porqué liberarle en un mismo espacio? Hagamoslo diferente, quiero que siempre esté presente junto a mí y que logre su último sueño: dar la vuelta al mundo disfrutando de la compañía. Mi compañía.


miércoles, 7 de diciembre de 2011

Jouyeux Noël :))

                                                           4, 3, 2...Feliz!! Piiiiii 

   Así fue como empezó todo. En medio de Montmartre, rodeado de preciosas mujeres vestidas para la ocasión con sus altos y lujosos tacones y, acompañado de mi ya vacía copa de champán y las doce uvas que me correspondían; pretendí dar la bienvenida al año nuevo.
    Por desgracia, un grupo ideológico que publicó años atrás su derrota, volvió a aparecer. Muchos os preguntaréis que porqué en ese mismo instante y no antes... o después. Pues la respuesta es bien fácil, aprovecharon la entrada del nuevo año, observaron a las miles de personas que se encontraban en la plaza e indagaron en la poca seguridad que se reinaba en la ciudad, debido a los graves pero a la vez esperados problemas de los adolescentes causado por sus típicos comas etílicos (como siempre, creyéndose mayores con el uso del alcohol).

   Nevaba, y bajo la primera farola de la calle justo al salir de la boca del metro, se encontraba un diminuto dispositivo electrónico que marcaba las 22.00h y que contaba rápidamente y sin pesar todos los segundos que con normalidad y sin ningún tipo de preocupación malgastamos los seres humanos.

Mientras tanto, en la jefatura de policía varios ancianos llegaron tranquilos pero sin pausa con la ayuda de sus viejos  amigos los bastones. Iban con intención de declarar y de dar su testimonio a cerca de un coche negro en el que habían entrado tres o cuatro personas encapuchadas que tapaban perfectamente cualquier rostro de su cuerpo que pudiera quedar visible. Según éstos viejos, esos jóvenes se acercaron a una farola situada a escasos metros de, como ellos mismo llamaban, la bicha de la tierra del Moullin Rouge. Soltaron una especie de juguete cuadrado y oscuro con una serie de lucecitas rojas y lo dejaron caer disimuladamente en el suelo. Tras esto, retrocedieron velozmente hasta el mismo coche de antes que los esperaba en la esquina de la calle de la famosa Amélie.
   Ante tal extraño acontecimiento, los ancianos decidieron ir a la agencia policial por miedo a que esa noche ocurriera alguna desgracia; ya que sería el último año nuevo que pasarían en tierra firme, querían asegurarse de que podrían estar presentes con total seguridad. Deseaban cenar junto a sus familiares en un ambiente hogareño, tranquilo, sosegado... y tenían la necesidad de saber que lo podían hacer con total seguridad para que NADIE evitara que sus últimos deseos se hicieran realidad. Al fin y al cabo era Navidad...

   Tras sus declaraciones, los policías pusieron en evidencia que algo extraño ocurría, por lo que se fueron inmediatamente a rondar sobre el barrio para observar que todo estaba en calma y que no había ningún dispositivo electrónico, similar a una bomba, en ninguna de las farolas. Eso sí, lo hicieron con total discrepción para no levantar sospechas a los posibles desertores y, sobre todo, el pánico de los habitantes de la ciudad parisina. Éstos que comenzaban a arreglarse para recibir con los brazos abiertos y una gran sonrisa en sus bocas al 2031.

                                                    Chan chan chan chan chan
                                                                  23.30 h

   Cansados de rastrear la ciudad, los policías decidieron volver a su puesto de trabajo en la oficina del centro de París. Pero decidieron hacerlo viajando en el metro para observar el escenario de la ciudad minutos antes de cantar...¡Jouyeux Nöel et Bonne Année! En ese momento, justo al bajar los primeros escalones de la boca del metro, uno de los perros que les habían acompañado durante toda la noche, comenzó a olisquear y a ladrar de forma inesperada pe... BOOM!!!
   
   Ya era demasiado tarde, el contador de la bomba llegó a  0.00  Aquellos ancianos tenían razón, algo iba a ocurrir e iba a evitar que celebraran tranquilamente su último año nuevo, sus últimos minutos de vida. 
   
   Aquello fue una de las mayores catástrofes en las que estuve presente a lo largo de toda mi vida. Desde entonces ya no hay ánimo de celebraciones y mucho menos de navidades. ¿Yo? Nunca más celebraré estas fiestas, en aquel atentado se murieron todos mis seres queridos, no tengo a nadie y mucho menos fuerzas ni ánimo para aparentar que estoy bien. 
   
   En ese 31 de Diciembre de 2030 la navidad desapareció por completo, al igual que un diente de león se deforma hasta formar parte de la nada tras el paso de un vendabal.

La despedida del profesor más preciado.

Entonces supe que habíamos llegado al final, ese era nuestro último adiós; y allí, en medio de la nada compartimos largos minutos de silencio sin saber qué contarnos, aún teniendo infinitos recuerdos que comentar... Hasta que lamentablemente sentimos que había llegado la hora, había llegado el momento de despedirnos. Tantas cosas que contar sin saber cómo ni el modo de hacerlo, y desaprovechando aquel instante que podríamos haber hecho tan agradable. Tuvimos una oportunidad, sí, pero la desaprovechamos. Ya nunca nos volvimos a ver; simplemente nos deseamos lo mejor telepáticamente. Telepáticamente.